Amor Fraterno y Compromiso Profundo

EL AMOR FRATERNO

La fraternidad lleva a todos los miembros de la asociación, a través de la oración, el conocimiento de la Palabra, la fracción del pan, a tener un solo corazón y una sola alma, llevando una convivencia continua a ejemplo del Señor Jesús con sus Apóstoles y como lo realizó la primera comunidad cristiana.

El instituto fomentará en todos los miembros un ambiente de confianza y fraternidad en las casas en donde se viva en alegría compartiendo las preocupaciones y las esperanzas, la oración, el estudio, el trabajo y la misión. La vida en fraternidad exige una atmosfera de familia en donde cada uno se sienta aceptado y apreciado por lo que es. Esto exige voluntad de servicio, de apertura y de apoyo mutuo. La vida comunitaria es un estímulo para nuestra vida apostólica y ésta a su vez es dinamizada por nuestra vida fraterna.

COMPROMISO PROFUNDO

(Consejos Evangélicos)

Los miembros del Instituto de Vida consagrada de Predicadores de Cristo y María, mediante el don del Espíritu Santo y en respuesta al llamado que les hace el Padre a la perfección de la caridad se comprometen libremente a vivir en comunidad los consejos evangélicos de pobreza, obediencia y castidad para unirse más libremente a Cristo y a su Iglesia:

Ø  Pobreza Evangélica:

Esta pobreza exige de cada uno de los predicadores actitudes internas y externas de desprendimiento en el uso de los bienes. Para ser signo y testimonio en la Iglesia debe expresarse, tanto en el plano personal como comunitario, en un estilo de vida simple y modesto, en la asuidad al trabajo y en la utilización de nuestros bienes y talentos al servicio del Instituto y de su misión.

Las casa de los Predicadores de Cristo y María se han de caracterizar por la sencillez, en ellas no habrá nada de ostentoso y superfluo. Al interior del Instituto se practican el compartir y la ayuda mutua y fraterna entre los miembros.

 

Ø  Castidad Evangélica:

La castidad evangélica, escogida libremente por amor a Cristo y a su Reino es un don del Espíritu Santo. Este don se vive en el celibato y en la castidad perfecta del corazón y del cuerpo. La opción que hemos hecho por el celibato consagrado es para nosotros fuente de dinamismo apostólico y una mayor disponibilidad.

 

Ø  Obediencia Evangélica:

A ejemplo de Jesús que vino para cumplir la voluntad del Padre y que la ha buscado sin cesar, asumimos el consejo evangélico de obediencia como un medio para seguir a Cristo como modelo. Este consejo se transforma en actitud fundamental de nuestra vida y nos hace más fieles a la acción del Espíritu Santo.

Reconocemos al Obispo como Pastor legítimo de la Iglesia particular, a quien estamos llamados a obedecer en virtud de nuestra promesa de fidelidad a la Iglesia y en comunión  con el Sumo Pontífice, de quien aceptamos el Magisterio y transmitimos fielmente su enseñanza.

 

Como verdadero representante del Obispo, el superior está llamado a promover la unidad y la fraternidad del Instituto, por lo tanto, los demás miembros acogerán gustosamente sus orientaciones y directivas con espíritu de fe y obediencia evangélica.