El castillo encantado

Al final de la clase dijo con cierta malicia el anciano maestro:

 
— “Os voy a contar un cuento misterioso y simbólico que concuerde con vuestra edad, amados discípulos”.

 
Los alumnos cerraron sus libros y escucharon.

 
— Pues érase un camino largo, despedazado y polvoriento: piedra, sol y cuestas. Aquel camino tenía leguas y leguas. Nadie sabía de dónde venía ni hasta dónde llegaba. Pocos transitaban por él porque acerca de él se habían tejido historias medrosas, Decíase que los bandoleros una noche… contábase que fieras una madrugada… Hablábase de un castillo encantado, y por fin todo se compendiaba en el nombre que le había puesto el pueblo desde años atrás: “el camino de irás pero no volverás”.

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